lunes, 25 de mayo de 2015

Libro: Heraldry - Customs, Rules and Styles


Un libro muy interesante tanto para los estudiosos de la Heráldica como para quienes simplemente tienen cierta curiosidad por el tema, especialmente por las diferentes tradiciones heráldicas de los países, es esta obra del gran heraldista alemán Carl-Alexander Von Volborth (1919-2009), al que citaré más veces en este blog, puesto que sus libros son una de las principales referencias en la materia.
En esta ocasión se trata de "Heraldry - Customs, Rules and Style", un magnífico trabajo que recopila numerosos ejemplos de blasones de diferentes países, mediante ilustraciones del propio autor, tanto en color como en blanco y negro.
No obstante, no se trata de una mera recopilación o un armorial, ya que incluye numerosos textos explicativos sobre las particularidades de la Heráldica de cada país, normas heráldicas, costumbres específicas, cuestiones históricas y apuntes diversos que permiten al lector contextualizar muy bien las numerosas ilustraciones (nada menos que 1.250 ilustraciones, 150 de ellas a color).


En la obra aparecen armas gentilicias, nobiliarias, eclesiásticas, reales, estatales, municipales y de órdenes de caballería, además de mostrar muchas de las relaciones que tienen entre si.
También cabe resaltar la elegante edición de este libro, en tapa dura con sobrecubierta en color azul turquesa con letras en oro. 
Otro de esos libros que hay que tener en la estantería y que sin duda el lector consultará con frecuencia.

Datos del libro:

Título: Heraldry - Customs, Rules and Style
Autor: Carl-Alexander Von Volborth
Editorial: New orchard Editions (En esta edición)
Año: 1981
ISBN: 1-85079-011-6
Páginas y formato: 229 páginas, tapa dura con sobrecubierta.




jueves, 21 de mayo de 2015

¿Es la Heráldica una ciencia?


Todo heraldista habrá escuchado alguna vez las expresiones “ciencia del blasón” o “ciencia heroica” para referirse al estudio riguroso de la heráldica, pero ¿Resulta realmente adecuada esta denominación?.
Quisiera compartir una reflexión a la que llevo tiempo dando vueltas, quizás con cierta osadía, al nadar un poco a contracorriente de conceptos ya establecidos en un ámbito en el que no hace tanto que asomé la cabeza por primera vez.
No obstante, mi intención con este breve ensayo no es sentar cátedra, es más bien invitar a la reflexión, y quizás, incitar con humildad a una reformulación de conceptos e ideas.

Desde hace un tiempo, el mundo académico se ha visto sumergido en un cientifismo omnipresente que relega a las “humanidades” a un segundo plano en favor de las ciencias, quizás a causa de los tiempos en los que vivimos, en los que el pragmatismo y los avances de la técnica hacen que las cuestiones más propias del genio abstracto, filosófico y reflexivo se vean como una pérdida de tiempo al resultar menos prácticas en apariencia.
La respuesta académica a esto ha sido pretender que todas las llamadas “humanidades” pasen por ser una “ciencia”, para estar a la altura de las ciencias puras, ahora encumbradas por encima de todo.

De hecho, ya no se habla de periodismo, se habla de “Ciencias de la información”, del mismo modo que muchas facultades de Derecho han adoptado el nombre de facultades de “Ciencias jurídicas”.
Como hombre de leyes, me he pasado toda la carrera escuchando aquello de la “Ciencia del Derecho” y el concepto del jurista considerado como “científico”.
Sin embargo, cualquier jurista que haya ejercido la profesión sabrá que nada hay menos científico que la ley, y nada hay más impredecible, cambiante e inexacto que su aplicación, por desgracia para quienes nos dedicamos a ello.
Este cientifismo extremo también se extiende a la Heráldica, como les sucede a todas las humanidades, y es que a cualquiera le resulta muy evocador imaginarse a uno mismo con una bata blanca.

Pero no piense el lector, que esto es un ataque contra las ciencias o que comparto el menosprecio a la esencia de las humanidades que parece estar de moda en el ámbito académico.
Sencillamente, considerar a la Heráldica como ciencia parte de un axioma errado, ya que no se le puede aplicar con éxito el método científico -algo imprescindible para una ciencia-, entre otras cosas porque cualquier experimento que se quiera hacer con respecto a la Heráldica nunca dará los mismos resultados si los efectúan distintas personas en distintos lugares, es decir, no es exacto y no se puede repetir hasta el infinito dando el mismo resultado cada vez con certeza.
La única similitud de la Heráldica con la ciencia es la existencia de una sistematicidad para su estudio y creación, la cual tampoco es absoluta, pues existen infinitas excepciones y variaciones a la regla general en cada aspecto que de ella queramos observar.
Pero tampoco debe ser considerada sencillamente un arte, como la define la Real Academia Española de la Lengua, ya que el elemento creativo, si bien es fundamental, viene limitado por un amplio sistema de reglas.

A ese respecto, veo interesante la definición que daba el Coronel García-Menacho a sus alumnos, en la que consideraba que “la Heráldica es un arte que emplea métodos científicos”.
No la comparto plenamente, pero me parece una definición infinitamente más adecuada que las que se suelen encontrar en estos tiempos.

Si bien por todo lo expuesto, a mi juicio es erróneo considerar a la Heráldica como ciencia, cabe hacer una segunda pregunta:

¿Necesita la Heráldica ser una ciencia?
Desde mi perspectiva, es claramente innecesario aplicar el cientifismo a una disciplina como la Heráldica, y esto se debe a que como hacen las armas parlantes, la Heráldica se define a si misma.
Nadie comienza a estudiar blasones por un afán de medición científica de la proporción. Lo hace por la capacidad evocadora que tiene todo escudo de armas, porque trae a la mente las grandes gestas de un tiempo ya remoto, porque satisface el alma de quienes poseen una inquietud por lo ancestral y porque apela a lo más profundo de lo que cada uno es y de donde viene.
Ahí es donde en bruto, aparece el mismo tipo de genio que tiene un artista, y he ahí el elemento creativo, lo artístico de la Heráldica.
Y todo ese torrente de afán por conocer, por crear y por aprender, se canaliza mediante un método, un sistema, un aprendizaje que dura toda una vida si uno se la quiere dedicar.
En ello encontramos el aspecto técnico, el estudio minucioso, el uso de complejos nombres para poder transmitir a otros las proporciones, colores y formas que de otra forma difícilmente podríamos expresar con claridad.
Y por último, tenemos el elemento histórico, porque si bien el concepto moderno de la heráldica es medieval, ya hace miles de años los guerreros pintaban sus escudos en busca de una identidad propia.

Por eso, reflexionando en profundidad sobre todo ello, tendríamos que preguntarnos a nosotros mismos:

¿Realmente queremos que la Heráldica sea una ciencia? ¿Queremos cuantificarla?¿Promediarla? ¿Contabilizarla?

La Heráldica no lo necesita, y el heraldista tampoco.

Juan M. Quintana Zuazúa

martes, 19 de mayo de 2015

Libro recomendado: Introducción a la Heráldica y Manual de Heráldica Militar Española


Inicio la sección de libros recomendados con el que para mi es uno de los libros que todo heraldista tendría que tener en su biblioteca, y que recomiendo especialmente a aquellos que estén empezando su andadura en el mundo heráldico.
Se trata de "Introducción a la Heráldica y Manual de Heráldica Militar Española" escrito por el que fue mi primer maestro en cuestiones heráldicas, el Coronel Eduardo García-Menacho y Osset, Caballero de la Orden de Malta, gran heraldista, y sabio referente de cuantos nos hemos iniciado en esta disciplina bajo su docencia.


El libro fue escrito en 2010 para servir de libro de texto para el Curso de Heráldica General y Militar del Instituto de Historia y Cultura Militar del Ejército de Tierra, y a diferencia de otros libros sobre el tema, está escrito de una forma muy didáctica, comenzando por una introducción del concepto de la Heráldica y detallando a lo largo del libro sus aspectos técnicos, formales, históricos, estéticos y normativos.
El libro finaliza con un apéndice en el que aborda cuestiones de derecho premial y un glosario terminológico que resulta extremadamente útil.

Es además un gran libro de consulta al que recurrir con frecuencia. De hecho, siendo yo extremadamente cuidadoso con mis libros, mi ejemplar, que tuvo a bien dedicarme el coronel y que cuido con gran celo, tiene ya algunas marcas debido al frecuente uso que le doy cada vez que me planteo alguna duda sobre alguna cuestión concreta.

El libro, editado por el Ministerio de Defensa, puede comprarse en la Sección de Publicaciones de varios acuartelamientos e instalaciones militares, como el propio edificio del Ministerio de Defensa (Paseo de la Castellana 109 - Madrid) o en el Instituto de Historia y Cultura Militar (Paseo de Moret, 3 - Madrid).
También puede comprarse a través de internet en el Catálogo de Publicaciones de Defensa.
Es recomendable comprarlo nuevo directamente de fuentes oficiales, porque de segunda mano suele encontrarse algo sobrepreciado. 

Datos del libro:

Título: Introducción a la Heráldica y Manual de Heráldica Militar Española
Autor: García-Menacho y Osset, Eduardo
Editorial: Ministerio de Defensa
Año: 2010
ISBN: 978-84-9781-559-8
NIPO: 076-10-036-9
Páginas y formato: 135 páginas, tapa blanda.
Precio oficial (del Ministerio de Defensa): 15 euros

lunes, 18 de mayo de 2015

El enigmático blasón de Cea Bermúdez


Quisiera dedicar mi primera entrada del blog sobre un blasón específico, a un escudo heráldico solariego ante el cual he pasado miles de veces durante décadas y que me llama la atención desde mi niñez, ya que su extraña presencia destaca sobre todo lo que tiene alrededor incluso para el ojo menos versado en las peculiaridades de la heráldica.

Se encuentra el la calle Cea Bermúdez de Madrid, a la altura del número cuatro, en un pasaje peatonal casi en la esquina con la calle Bravo Murillo.
Es un escudo de estilo barroco, situado en un murete, diseñado en ángulo expresamente para el escudo, pero construído muy posteriormente, ya que en los tiempos en los que el artesano trabajó la piedra para darle sus intrincadas formas, por aquella zona probablemente no habría más que jabalíes y vegetación, en lo que ahora es una zona urbanizada y superpoblada, como lo es todo el término municipal de Madrid.

Investigando un poco aparecen algunos datos. Los edificios de ladrillo cuya entrada adorna este escudo fueron construídos por el arquitecto Secundino Zuazo, de Bilbao, en 1949, pero es fácil observar que el escudo no es una reproducción de aquellos años, fruto de alguna moda arquitectónica.
Es un auténtico escudo procedente de una casa solariega blasonada, probablemente del siglo XVIII, por el estilo podría proceder del norte de España, aunque existen antiguas fotografías que lo sitúan en un anticuario de Toledo, donde es muy probable que Zuazo lo comprase y lo utilizase como remate ornamental de su conjunto de edificios.
Lamentablemente no he podido averiguar con certeza a que linaje o casa pertenece, ni tampoco cuales serían sus esmaltes. Permítame el lector, no ser muy estricto en cuanto a la forma de blasonar este escudo, pues entre la falta de información sobre los esmaltes, la dificultad para identificar algunas figuras y el extremo barroquismo de la ornamentación, hacer una descripción heráldica acorde a los cánones se me antoja una tarea demasiado compleja.
Quizás podría tratarse del escudo del linaje Villa, al coincidir en una de sus variantes de forma aproximada, aunque es únicamente una hipótesis. Si en efecto fuese de Villa, se trataría, sobre campo de oro, de un águila coronada de sable .
Presenta una bordura con diez figuras que me resulta imposible identificar.
En cuanto a los ornamentos externos, está situado sobre una cartela, sostenido por dos torsos desnudos como tenantes y acompañado de dos querubines, y adornos vegetales que confluyen en una máscara situada en la parte inferior del escudo. Sobre él se sitúa un yelmo adornado con plumas y lambrequines.
Recomiendo a cualquier heraldista madrileño, veterano o novato, que aproveche el buen tiempo para acercarse dando un paseo y lo observe tranquilamente con sus propios ojos.
Invito por supuesto a todos los lectores a exponer sus impresiones o aportar información más completa o exacta sobre este misterioso, pero curiosísimo ejemplo de barroquismo heráldico.

domingo, 17 de mayo de 2015

Presentación


Bienvenidos a El Viejo Armorial, este humilde blog sobre Heráldica, redactado con entusiasmo y pasión por esta disciplina.
La Heráldica está presente a lo largo de nuestra historia, como una representación visible de todo tipo de sucesos, virtudes, personajes, grandes gestas y tradiciones populares.
Su conocimiento permite entender el mensaje que cada blasón nos quiere contar, y es un saber que se perfecciona con el tiempo, en un ámbito que pese a ser muy concreto, resulta en realidad casi inabarcable hasta para los estudiosos más entregados, que siempre podrán descubrir algo nuevo y profundizar en el saber heráldico.
Para el lector profano en la materia, el estudio de la Heráldica podría parecerle algo propio del pasado, e incluso podría resultarle extraño que una persona joven, como quien escribe estas líneas, se interese por estas cuestiones tan a contracorriente de las inquietudes más comunes socialmente.
Sin embargo, además de la plena vigencia de la Heráldica en nuestros días, su importancia reside en que la Heráldica, de forma visible, junto a la Genealogía,  nos cuenta de donde venimos, las personas de las que descendemos y las circunstancias por las que estamos aquí. ¿Acaso no debería cada estudioso de la Historia empezar por el estudio de su propia historia personal y familiar?

En el blog iré tratando asuntos de Heráldica, Genealogía, Derecho Premial y Nobiliario y en general todo lo que tenga relación con estas cuestiones.

Confío en despertar el interés de los lectores, tanto de quien se aproxima por primera vez al estudio del blasón, como de los más estudiosos eruditos en la materia, a quienes ruego sean indulgentes con este incipiente heraldista que tiene el placer de escribir para ustedes.

Juan M. Q. Z.